
Bully es uno de esos niños que ves en una clase de mesas de a dos, sentado solito, pero es feliz.
Bully no es un chico insociable, ni un pringado.
Bully no está solo porque sea gordito, lleve gafas, o sea un empollón.
Bully está solo porque es un chico con objetivos. Sí, con objetivos.
Cuando Bully va a comprar el pan, va a comprar, y no para a gastarse los veinte céntimos de vuelta en cuatro chicles.
Cuando Bully va a jugar al fútbol, va a jugar al fútbol, y no pierde el tiempo haciendo "cachas" ni "sombreritos"; sólo mete goles.
Y cuando Bully va al colegio, va a admirar a Sonso, que es la niña de la segunda fila cuarta mesa empezando por la izquierda.
Sonsoles es la niña con el pelo más rubio, los ojos más negros, y el apetito más pequeño de todo el cole.
Pero además, también es la niña con la voz más dulce, con los sueños más grandes, y con menos idea de quién es Bully de todo el cole.
Bully, como he dicho, no pretende amor eterno, porque no es idiota (véase "una velísima historia"). Su objetivo es admirar, y el vaso de su felicidad se llena fácilmente cuando consigue colocar la hoja de su tarea justo después de la de Sonso, cuando le toca detrás de ella en la fila del comedor, o cuando roza su codo al ir a afilar a la papelera.
Eso le es más que suficiente.
...
Un día, Bully, según mamá, estaba enfermo de un virus, y tenía que estudiar en casa, comer en casa, y jugar al fútbol en casa.
Pero como Bully es un chico con objetivos, y estar enfermo no entra para nada en sus planes de felicidad, Bully decidió ignorar al virus, igual que ignoraba a las golosinas cuando iba a comprar, o a los sombreritos cuando tenía que meter goles.
Así, pataleó tanto tantísimo sobre el parqué de la casa, que antes de que el suelo se hiciera serrín, mamá decidió que era imposible retener a este torito en casa, y lo dejó seguir asistiendo a la escuela. Lo dejó seguir siendo feliz.
…
Pasados tres meses Sonsoles tuvo que viajar a Madrid, para siempre, con su papá, y dejó vacía la cuarta mesa de la segunda fila empezando por la izquierda, y el vasito de la felicidad de Bully.
…
Pasados tres meses y dos días, la mamá de Bully lloraba en la UCI, y pensaba que por ignorar a los virus, no desaparecen.
…
Pasados tres meses dos días, y quince minutos, Bully, mientras cerraba los ojos, pensaba que hay cosas que matan más que los virus.
Que es más peligroso el cúmulo de circunstancias internas, que el cúmulo de circunstancias externas.
Que a veces no es lo que se nos añade lo que nos daña, sino lo que se nos quita.